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Anita en un boliche swinger

Esa noche Ana propuso ir a un boliche de intercambio que le había recomendado su amiga Helena.
Cuando entramos al lugar nos sentamos en la barra; un rincón algo oscuro, donde nos pareció que podíamos pasar desapercibidos.

Pero al entrar, pude notar que todos los hombres giraron sus cabezas para mirar a mi esposa, que llevaba puesto un vestido negro muy corto y casi transparente.

Yo tuve la idea de dejarla sola por un rato para ver que sucedía.
Le dije a Ana que necesitaba ir al baño, pero en lugar de ello, subí una escalera y me acomodé en la oscuridad, desde donde podía observar todo.

Apenas pasados unos minutos, se le acercó un tipo joven y elegante. Por la sonrisa que le dedicó Anita mientras conversaban, me di cuenta de que le había gustado el pibe.

Un rato después de charlar, el tipo se acercó un poco más. Ana comenzó a excitarse con esa proximidad, pero por otra parte, parecía nerviosa y preocupada y miraba en todas direcciones, como si estuviera buscándome.

De repente el pibe la arrastró hasta la pista de baile y la abrazó por la cintura, pegándola a su cuerpo. Comenzó a acariciarle la espalda, hasta llegar sus manos a la redonda cola de mi esposa.

Pude notar que Ana se estaba relajando bastante mientras bailaban. De repente, él la tomó por la mano y se dirigieron hacia una puerta. Entraron y yo por supuesto los seguí.

Cuando entré a la habitación me quedé sorprendido; era un lugar muy oscuro y solo se podían divisar cuerpos desnudos por todos lados, reunidos pequeños grupos de dos a cuatro personas. Cuando pude distinguir a mi mujercita y a su acompañante, me quedé algo cerca de ellos, pero tratando de que no me vieran.

El tipo la condujo a una mesa, donde estaba sentado un hombre mayor. Mientras su guía la besaba, el otro hombre empezó a quitarle muy despacio el vestido a Ana, tan delicadamente que ella ni pareció notar que estaba quedando desnuda…

Mi esposa quedó vestida solamente con una breve tanga negra y sus zapatos de taco aguja. Entonces los dos hombres juntos comenzaron a besar y lamer sus redondas tetas, mientras ella les acariciaba los cabellos.

El más joven de repente abandonó las tetas de Ana y comenzó a deslizar su lengua por el vientre de ella, dirigiéndose claramente hacia su humedecida vagina. Al llegar le hizo abrir las piernas a mi esposa; le corrió la tanga a un costado y se abalanzó con su boca para atacar esa deseable concha, que me imaginé, a esa altura ya estaría en llamas…

Ana cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, comenzando a gemir mientras sentía esa lengua recorriéndole los labios vaginales.

Mientras tanto el hombre mayor se puso de pie frente a ella, quedando su cintura frente a la cara de mi delicada esposa.
Ana con mucha delicadeza, comenzó a bajar el cierre de esa bragueta, donde podía adivinarse un bulto bastante importante.

Luego introdujo una mano y sacó esa enorme verga encerrada.
El pibe finalmente le quitó la tanga negra y le hizo abrir las piernas al máximo. La concha ahora se veía bien humedecida, brillando en la poca luz que rodeaba el cuerpo desnudo de mi mujercita.
Ana sonrió y acarició esa enorme pija que le ofrecía el mayor. Luego lo tomó con sus delicadas manos y le dedicó una buena paja, para después pasarle la lengua a todo lo largo…

El pibe mientras se arrodilló frente a ella y volvió a comerle la concha bien mojada.
Ana se metió toda la verga en la boca y comenzó a tragársela como una mujer desesperada. Jadeaba además por el efecto de la lengua del pibe en su vagina.

El hombre mayor de repente comenzó a jadear y gruñir, sintiendo el tremendo orgasmo que le estaba provocando la lengua de mi esposa sobre su pija endurecida. Tomó a Ana por sus cabellos y se hundió en ella hasta la garganta, derramándose en su boca.

Mi esposa se debatió intentando sacársela de la boca, ya que le provocaba ahogo; pero el hombre la aferró todavía más y no le sacó la verga de la boca hasta vaciar todo su semen en ella…

En ese momento el joven ya desnudo se sentó en el sillón junto a ella y le ordenó a mi esposa que se sentara arriba; ella ni lo dudó.
Cuando vio bien el tamaño de esa nueva verga se quedó como hipnotizada; pero enseguida se acercó a ese pedazo enorme, abrió bien sus piernas y se agachó…
Apoyó sus manos en el pecho del flaco y siguió deslizándose hacia abajo, sintiendo que esa gruesa verga comenzaba a invadir su concha.

Ana puso cara de dolor y placer al mismo tiempo. Se notaba que estaba muy, muy caliente y era capaz de cualquier cosa. Cuando lo tuvo todo adentro, ella comenzó a moverse, subiendo y bajando a medida que esa tremenda pija se enterraba en ella cada vez más.
De repente el hombre mayor reapareció masajeándose su verga y le dijo algo al oído a Anita. Ella negó con la cabeza, poniendo cara de desesperación.
Era evidente que ese tipo quería metérsela por el culo…
Ana seguía debatiéndose, cuando ese hombre apoyó la punta de su verga en la estrecha entrada trasera de mi esposa.
Con sus dedos comenzó a abrirle el culo y finalmente escupió en la entrada para poder lubricarla un poco.
De golpe pude oír el lastimero aullido de dolor que dejó escapar mi esposa, cuando el hombre se la mandó a fondo en un solo embate.

Ana cerró los ojos y lloriqueó un poco, mientras trataba de soportar semejantes penetraciones. Los dos tipos comenzaron a moverse despacio, hasta lograr que ella les pidiera más y más.

De pronto ambos incrementaron el ritmo, haciendo que Ana gritara como una perra emputecida.
La cogieron así salvajemente durante un buen rato, hasta que por fin los dos anunciaron que estaban a punto de acabarle adentro.

Ana se debatió jadeando y aullando, hasta que ambos hombres se vaciaron dentro sus orificios, dejándola llena de semen caliente…

El hombre mayor enseguida abandonó el dilatadísimo ano de mi esposa; pero cuando el otro quiso salirse de su vagina; Ana aulló como poseída y tuvo un tremendo orgasmo…

Luego Anita cayó totalmente desmayada arriba del flaco que estaba sentado en el sillón; todavía con su verga erecta enterrada en la concha de ella.

Entre ambos la levantaron con mucha delicadeza y la dejaron recostada sobre el sillón. Luego se retiraron en silencio…
Me acerqué a mi dulce mujercita, que seguía desmayada de placer y comencé a acariciar su hermoso cuerpo.
Anita abrió sus ojos, me sonrió y me dijo:

“Te amo…”
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Comentarios 1
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Aaawwwww ♥♥♥ Amo los finales felices :')
1 month atrás
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