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Ana y el festejo de sus cuarenta años

Mi sensual mujercita cumplió cuarenta años y para celebrarlos, hizo más de un festejo. Uno fue a solas conmigo; otro con sus amigas y finalmente, otro con sus compañeros de trabajo.

La noche que festejó con sus compañeros de trabajo fueron a cenar y después a un boliche a bailar. Yo me quedé solo en casa, esperándola.

Cerca de las tres de la mañana recibí un mensaje de texto, diciéndome que estaba regresando a casa con Sandra y Fernando, en el auto de Rudy.

Me despreocupé y volví a cerrar los ojos, conciliando el sueño otra vez muy rápidamente. Me desperté sobresaltado y verifiqué que ya eran pasadas las cinco; pero Anita todavía no había llegado…

Comencé a ponerme nervioso, ya que esa situación no era normal.
No quise llamarla, para no parecer pesado.
Pero un rato después ya no pude aguantarme y directamente marqué su número. No me contestó después de varios intentos, lo cual comenzó a intranquilizarme un poco…

Cerca de las seis por fin oí que intentaban abrir la puerta de calle. La risa de Ana me tranquilizó un poco; pero de la borrachera que tenía, no podía acertar la llave en la cerradura.
Le abrí la puerta y mi delicada mujercita casi cayó en mis brazos.
Sonriendo débilmente y con un hilo de voz algo entrecortada, me dijo que estaba todo bien, dándome un beso de lengua apasionado.
Pude sentir un sabor extraño en sus labios; mezcla de alcohol, tabaco y… algo más que podría ser…semen…

Antes de que yo pudiera reclamarle algo, Anita se deshizo de mi abrazo y, caminando con cierta dificultad, apoyó sus manos en las paredes y se dirigió a nuestra habitación.
Desde atrás pude disfrutar ver el suave balanceo de sus redondas caderas; algo que siempre me ha excitado.

Pero también noté algo extraño: Ana llevaba unos pantalones blancos bien ajustados a su cuerpo, marcándole bien las redondeces de su hermoso y firme culo. Estaba manchado o mojado, no podía verlo bien…

Fui hasta la cocina por un vaso de agua y luego me dirigí al dormitorio.

Al entrar encontré a Anita desmayada boca abajo sobre la cama, totalmente vestida. Le dije que se desvistiera, pero ella balbuceó algo incoherente y no atinó a moverse. Tendría que desnudarla yo mismo…

Le saqué la blusa de seda negra, los zapatos de taco aguja y finalmente los pantalones. Entonces pude comprobar que, no solamente estaban manchados, sino también mojados por dentro…

Toqué la zona de la entrepierna y la consistencia del líquido me dejó estupefacto: era semen, de manera inconfundible…

Me quedé unos minutos sin entender nada, solo mirándola desmayada sobre la cama. Era evidente que mi infiel mujercita había cogido con alguien sin usar un forro; le habían acabado adentro y se había puesto los pantalones sin limpiarse…
Le quité su diminuta tanga de algodón, que también estaba empapada con una mezcla de semen y fluidos vaginales. Evidentemente, le habían descargado una buena cantidad de leche adentro de su concha.
Tenía manchados también los muslos y hasta su estrecha entrada trasera.

Toqué suavemente su concha, que estaba muy humedecida y totalmente dilatada, descargando todavía más semen desde el interior.

Mi bronca comenzó a aumentar, pero mi sorpresa fue mayor todavía, cuando encontré que también emanaba semen de su ano y que podía meterle un par de dedos sin ninguna dificultad.
Mi mujercita también había entregado su estrecho culo esa noche…

Alguien le había echado como mínimo dos polvos o bien se la habían cogido entre dos tipos. No podía creerlo, mi mujercita se había dejado coger por extraños sin que yo estuviera presente…

Seguí hurgando en su culo que no oponía ninguna resistencia a mis dedos; noté que seguía saliendo semen a borbotones; hasta que Ana empezó a gemir muy despacio esbozando una sonrisa en su cara.
Entonces saqué mi dedo rápidamente y apagué el velador, pero ella ronroneó como una gata en celo y se quejó, balbuceando como pudo:
“Quiero más…no seas puto… no me dejes así…”

Me quedé quieto por unos segundos y ella siguió quejándose, lo cual hizo que sin pensarlo mucho volviera a meterle un dedo en el culo. Empecé a metérselo cada vez más adentro y ella siguió gimiendo suavemente.
Al rato ya tenía tres dedos en su culo que entraban como si nada y lo peor de todo, tenía mi pija durísima, a punto de explotar…

Me acerqué a su oído y le susurré: “Querés que te rompa el culo otra vez?”
Ella preguntó, sin abrir los ojos: “Vos quién sos…”

Lo primero que se me ocurrió fue decirle: “Soy Rudy…”
Lorena contestó muy suavemente, con una débil sonrisa:
“Vos ya me la metiste por la cola, ahora le toca a Fer…”

Saqué mis dedos de su culo y me acosté sobre ella con todo el peso de mi cuerpo. Le metí la verga hasta el fondo, ya que entró con facilidad en ese culo tan dilatado y lubricado por el semen de sus compañeros de trabajo…

Así estuve un rato dándole con ganas; después con suavidad, despacio, metiéndole la pija bien hasta el fondo, sacándosela entera y jugando con su dilatado ano.
Ana no dejaba de gemir y retorcerse, levantando su firme culo para que yo pudiera sodomizarla mejor.

En un momento suspiró: “Más rápido… tengo que volver a mi casa…”

“Te voy a llenar de leche, putita…” Le susurré al oído, mientras redoblaba mis embates en su ya no tan estrecha cavidad anal.

Mi sensual mujercita no me contestó y entonces se la saqué.
Ella protestó y me suplicó que la llenara de leche caliente.
Le volví a meter mi verga bien endurecida y le bombeé el culo con todas mis ganas, hasta que empecé a derramarme dentro de ella.

Permanecí un rato sobre la espalda de Anita, con mi pija bien tiesa todavía enterrada en su trasero. Después me levanté para ir al baño.

Al regresar la encontré en la misma posición; con el culo bien abierto y mi semen chorreando entre sus muslos, manchando las sábanas.
A la mañana me desperté con el ruido de la ducha en el baño.
La ropa usada de mi infiel mujercita había desaparecido de la vista.

Anita jamás me confesó que esa noche se había dejado coger por sus dos compañeros de trabajo y yo nunca pude saber desde cuándo esos dos turros de “Fer” y Rudy la sodomizaban a gusto, llenándole ese delicado culo con semen…

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